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La primera experiencia republicana.


Date: 2015-10-07; view: 442.


La incapacidad de la monarquía de Isabel II para poner término a la crisis política y económica fue el origen de la Revolución de 1868 que finalizó con el destronamiento y el exilio de la reina, con la promulgación de la Constitución progresista de 1868 – división de poderes, sufragio universal y libertad de conciencia, de cultos, de reunión – con la instauración de la Primera República Española de 11 de febrero de 1873.

El pueblo acogió con entusiasmo el cambio político. Se pensaba que así desaparecerían los obstáculos para alcanzar la máxima libertad y acabar con las injusticias sociales. Pero en realidad, los escasos meses que duró la primera experiencia republicana convirtieon la propia palabra de “República” en sinónimo de anarquía y desorden. Los republicanos estaban divididos entre sí, el anarquismo y el socialismo se extendían entre los obreros y campesinos. Continuaban sin resolver la insurrección de los cubanos, el problema carlista, la desastroza situación económica. El caos se extendió por todo el país. Muchas ciudades e incluso pueblos se proclamaron independientes. El movimiento fue reprimido por los militares. El general Pavía disolvió violentamente el Congreso de los Diputados (1874) y el generel Serrano se hizo cargo del poder lo que significó el fin de l Primera República Española. Alfonso XII, el hijo de la destronada Isabel II, fue proclamado el rey de España. Empezó el período de la Restauración.

Restauración (1874 - 1931)

El sistema política de la Restauración, impuesto por la oligarquía tradicional, se basó en la alternancia de conservadores y liberales. La cultura y ciencia española comenzó durante la Restauración su nuevo período del desarrollo, que ha sido denominado “Edad de Plata de la cultura española” (M. de Unamuno, J.R.Jiménez, J. Ortega y Gasset, P. Picasso, S.Dalí, etc.) El sistema logró estabilizar la situación política en el país, pero a precio de destruir los principios democráticos y desatender la búsqueda de soluciones para los problemas estructurales del país – analfabetismo, nacionalismos, retraso de España rural, deficiente industrialización, injusticias saociales – y de fomentar la inmoralidad administrativa y política. La crisis generada por la Restauración se tradujo en la radicalización de las ideologías de “las des Españas”, que se enfrentarán en la Guerra Civil de 1936 – 1939.

La oposición de la oligarquía a cualquier tipo de reformas intensificó la confrontación social y aceleró el ritmo de los cambios de gobierno. En 1917 se produjo una huelga general revolucionaria, se organizaron las Juntas de Defensa, asociaciones de militares dispuestos a conquistar el poder. En esta situación el gene­ral Primo de Rivera, capitán general de Cataluña, dirigió un golpe de Estado el 23 de septiembre de 1923, que fue incluso bien recibido por algu­nos intelectuales. Primo de Rivera suspendió las garantías constitucionales y prometió gobernar con eficacia y honestidad: "Menos política y más administración". Unos vie­ron en él al "cirujano de hie­rro"; otros lo con­sideraban como émulo[2] de Mussolini, y algunos eco­nomistas admiraron las transformaciones que Es­paña comenzó a experi­mentar bajo su mandato.

Primo de Rivera puso en prác­tica un extenso plan de modernización de la infra­estructura de la economía, que dio excelentes resulta­dos: mejora de los ferrocarriles y de la red de carreteras, transformación del monopolio extranjero de petró­leos en monopolio público, constitución de la Compañía Telefónica Nacional de España,creación del Banco Exterior, fomento agrario y turístico, de la producción industrial y del empleo, etc.

El fin de la prosperidad económica como resultado de la Crisis internacio­nal de 1929 marcó el comienzo del fin de la Dictadura. Abando­nado por sus fieles, el dictador presentó su renuncia al Rey el 28 de enero de 1930.

La Segunda República

Al año siguiente, el día 14 de abril, se instauró la Segunda República, como resultado del éxito de la antimonárquica coalición republicano-socialista en los comicios de 1931. Ese mismo día el rey Al­fonso XIII abandonó España camino del exilio.

El Comité Revolucionario que desde 1930 venía coordinando los esfuerzos de todos los antimonárquicos se convirtió en Gobierno Provisional, presidido por Niceto Alcalá Zamora.

Tal vez, ningún régimen político español había dispuesto de tanto apoyo popular, como tampoco de un conjunto de hombres tan inteligentes y conocedores del país. Manuel Azaña, presidente de la República, planteó las correspondientes reformas en relación con el Ejército, la Iglesia, las Autonomías, la cuestión agraria y los problemas socioeconómicos.

 

←Niceto Alcalá Zamora fue el primer presidente de la República.

 

La Constitución, promulgada el 9 de diciembre de 1931, estableció el sistema de República parlamentaria; asignó el poder ejecutivo al Consejo de Ministros, dirigido por el presidente del Gobierno; el legislativo en una sola Cámara, en el Congreso, elegido por sufragio universal y directo. Fue declarada la aconfesionalidad del Estado, lo que significó el cese de la actividad eclesiástica en el área docente, la puesta en vigor de las leyes de matrimonio civil, divorcio, y, en definitiva, secularización, el fin de la influencia de la Iglesia en la sociedad. Estos hechos llevarían a hacer de la Iglesia la principal fuerza del golpe militar como "Cruzada".El laicismo republicano movió a la Iglesia a organizar su propia formación política. Por tanto, dos de los más importantes poderes de entonces, el Ejército y la Iglesia, actuaban y se manifestaban en contra de la República.

La cuestión regionalista

La República se propuso dar solución al problema de los nacionalismos. Con la idea del "Estado integral" se pretendía compatibilizar[3] las distintas autonomías regionales con un Estado que mantuviera las relaciones exteriores, la defensa y la dirección política económica, social y cultural del Estado.

El Estatuto catalán, promulgado en septiembre de 1932, asumió muchas de las aspiraciones de los nacionalistas y proporcionó a Cataluña una estabilidad política que no poseyó el resto de España. La Generalidad se constituyó en el órgano del autogobierno, con facultades legislativas y judiciales.

Los vascos no tuvieron la misma fortuna. Después de diversos proyectos -inicialmente con los navarros, que más tarde prefirieron su propio camino-, la Guerra Civil comenzó sin que se hubiese publicado el Estatuto de autonomía. Este sólo vería la luz en octubre de 1936, cuando gran parte del territorio vasco estaba ya ocupado por las tropas de Franco.

La derecha y los militares antirrepublicanos identificaron casi unánimemente autonomismo con separatismo. La frase de Calvo Sotelo "prefiero una España roja a una España rota" aclara la posición de la derecha por la ruptura de España.


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