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Un poco de historiaDate: 2015-10-07; view: 919. Todas las lenguas peninsulares provienen del latín, menos el vasco, cuyo origen se remonta al paleolítico; es un enigma para los lingüistas, ya que forma una familia aparte. En la Edad Media el castellano, el vasco, el gallego-portugués (ambas lenguas eran antes una sola) y el catalán eran lenguas principales de los reinos de Castilla, Navarra, Portugal y Aragón respectivamente; se formaron más o menos al mismo tiempo, excepto el vasco, y evolucionaron independientemente las unas de las otras. Entonces gozaban del mismo prestigio, aunque se utilizaran para fines distintos. El gallego-portugués, por citar un ejemplo, se usaba en la corte de los reyes castellanos como lengua poética, al igual que los trovadores catalanes recu-rrían al occitano; de este modo, las Cantigas de Santa María de Alfonso X y una amplia producción trovadoresca fueron redactadas en gallego. Para los "juegos florales" (un concurso de arte e improvisación poética) se empleaba el catalán. Así, como se puede ver, las lenguas romances convivían sin conflictividad alguna. El caso del vasco era algo distinto. Siendo la única lengua peninsular que había sobrevivido a la colonización romana, siempre se percibió como algo ajeno y bárbaro. A pesar de haber asimilado bastantes préstamos del latín, seguía siendo una lengua totalmente incomprensible y alejada del pensamiento ortodoxo europeo. Por e£o desde el principio se adoptó una política que tenía como objetivo restringir el uso del euskera a un ámbito familiar, cuya consecuencia fue una disminución progresiva del territorio vascoparlante. Durante el siglo XIII, el rey catalán Jaume I reconquistó Valencia y las islas Baleares a los musulmanes, y el catalán se divulgó por el territorio de la actual Comunidad Valenciana, Mallorca y Menorca. En todos estos territorios hoy en día se siguen hablando dialectos del catalán. Las cosas empezaron a cambiar cuando España se convirtió en un imperio bajo el dominio de Castilla. Poco a poco los antiguos reinos fueron perdiendo sus derechos administrativos y lingüísticos. A mediados del XVIII, las lenguas que hoy llamamos minoritarias ya no se usaban ni en la corte, ni en la jurisprudencia. Sin embargo, a principios del XX la población de estas zonas era mayoritaria-mente (más del 90%) monolingüe: el castellano lo hablaba sólo la alta burguesía. En el XX las lenguas minoritarias recibieron tres golpes muy duros. El primero fue la inmigración: ya a finales del XIX miles y miles de personas, principalmente de zonas pobres, como eran Extremadura y Andalucía, se trasladaron en busca de trabajo al País Vasco, antigua región minera, y a Cataluña, donde la creciente industria reclamaba mano de obra barata. Otro golpe fue la prohibición del uso público de estas lenguas durante el franquismo, cuando por hablar en catalán o en vasco en la calle uno podía ser sancionado. El último golpe lo asestaron los medios de comunicación: con la llegada de la radio y, después, de la televisión, al pueblo, el constante flujo de información en español hizo que la gente se castellanizara más deprisa. Actualmente se lucha por preservar estas lenguas, aunque las perspectivas no son siempre muy halagüeñas. Hoy en día prácticamente no quedan monolingües, ya que el castellano es asignatura obligatoria en la escuela, y los hablantes de catalán, gallego y vasco se expresan casi indistintamente en las dos lenguas en función de con quién hablen. Por último, cabe mencionar la existencia de otras variedades lingüísticas, como el asturiano, el aragonés, la lengua del valle de Aran etc., que, por desgracia, cuentan con un número muy reducido de hablantes y están en peligro de desaparecer. La violencia lingüística La violencia lingüística podría definirse como una agresión contra la lengua que utiliza determinado individuo o comunidad. El siglo XX ha dado numerosos ejemplos de represalias lingüísticas: centenares de lenguas han sido exterminadas, sea bajo el peso aplastante de la civilización y el progreso, sea por culpa de una dictadura o en un combate desigual con otra lengua dominante. Ha disminuido drásticamente el número de hablantes de muchísimas lenguas amerindias, caucásicas, siberianas, africanas y australianas, mientras que las lenguas que representaban grandes potencias mundiales, lenguas de prestigio y dinero, seguían conquistando nuevos territorios. Pero se equivocará el que piense que el continente europeo queda al margen de esta lucha por la supervivencia. El bretón, el occitano, el gascón, el véneto, el retorromance, por nombrar algunos, están en peligro de desaparecer, y de momento hay pocas esperanzas de salvarlos, puesto que los gobiernos de los países correspondientes apenas se preocupan por su existencia. Algo mejor van las cosas en el territorio de España, donde cuatro de las lenguas que se hablan están constitucionalmentc reconocidas, es decir, sus hablantes tienen derecho a usarlas en público y a escolarizarse y cursar estudios universitarios en dichas lenguas, en las que también existen canales de televisión y prensa. Sin embargo, hay motivos sobrados para cuestionar esta aparente igualdad de derechos. Las transgresiones se dan, antes que nada, en el campo de la educación. La demanda de guarderías y colegios donde se enseña en la lengua vernácula de la comunidad suele ser muy superior a la oferta, siempre escasa. Lo mismo ocurre en las universidades: son contados los profesores que condescienden a pronunciar conferencias en la lengua de la comunidad, y algunos ni siquiera aceptan trabajos que no estén redactados en español. En la calle uno se cruza constantemente con funcionarios que, tras haber sido destinados a otra comunidad, no han tenido tiempo o no se han tomado la molestia de aprender su lengua vernácula. Así, teniendo en teoría el derecho a usar su propia lengua, resulta que uno no la puede usar ni para estudiar, ni para sacar billetes de tren, ni para hacer una denuncia en la policía. Y si consideramos que ningún productor de cine que esté en sus cabales va a filmar una película en una lengua minoritaria, y que las cadenas televisivas españolas gozan de mayor prestigio y producen programas de mayor calidad, el panorama resulta desolador. Estas situaciones se perciben como una agresión, cuya réplica a menudo es una agresión en sentido contrario. Este es el caso de aquellas personas que se niegan a hablar o, incluso, simulan no entender español, cuando alguien se dirige a ellos en esta lengua. En el ansia de defender su propio idioma, es frecuente que los hablantes de una lengua minoritaria arremetan contra los que no son tan radicales. De esta manera,hay escritores vascos que no encuentran quien los publique en el País Vasco, porque allí sólo se subvencionan libros en euskera. Hay veces que la gente castellanoparlante que vive en una comunidad bilingüe, pero por una u otra razón (dificultad del idioma, escasas capacidades lingüísticas) no domina la lengua vernácula, se siente despreciada y odiada hasta el punto de llegar a odiarse a sí misma. También es cierto que, en su ajan por evitar el conflicto, el gobierno potencia lo "políticamente correcto", es decir, la diplomacia a toda costa, aunque a veces implique decir verdades a medias. Así, "España", palabra que para algunos se asocia con un estado totalitario e intolerante, se transforma en "el Estado"; el "español", en "castellano", y hasta dejan de usarse los nombres españoles de muchas ciudades, para desconcierto de los locutores de la televisión, que no saben cómo deberían pronunciarse Teixido, Lleida o Gazteiz. La imagen tradicional de una España castellanohablante y culturalmente homogénea, producto del franquismo y de los tópicos más difundidos, se ha desvalorizado mucho en los últimos tiempos; ni siquiera los españoles "de toda la vida" la aceptan incondicionalmente, por no mencionar a los nacionalistas más recalcitrantes, quienes declaran que, por razones históricas y culturales, no pertenecen al estado español. Por otra parte,el discurso antiespañol parece obviar, con frecuencia, dos realidades: en primer lugar, que la España del siglo XXI no es la de Franco; y, en segundo, que existe en estas comunidades (sobre todo, en el País Vasco), un porcentaje nada desdeñable de gente que habla español desde hace generaciones y que también reivindica sus derechos lingüísticos: la historia no puede dar marcha atrás. ¿Será posible evitar este conflicto? Erradicarlo tajantemente, quizá no, ya quecada persona que vive en un territorio bilingüe se halla en una zona de posibles enfremamientos. Cualquier grupo de amigos que no comparte una misma lengua materna tiene que optar por usar una sola lengua de comunicación, y, por tanto,agredir a alguien. En cualquier caso,la globalización hace sentirse a la gente, cada vez más, ciudadanos del mundo, y todavía más a los jóvenes, que no han vivido los duros años de la dictadura, con lo cualla selección de la lengua de uso ya no se relaciona con la postura ideológica (pertenecer al bando "nacionalista" o al "centralista", por simplificar las cosas), y pasa a ser una cuestión de comodidad y respeto. Traduce al español: а) Насильственная языковая политика 20 века привела к тому, что многие малые языки были истреблены или находятся на грани исчезновения, Европа не осталась в стороне от этой проблемы. Ь) В Испании времен Франко языковые репрессии коснулись носителей каталанского, баскского и галисийского языков, с) Хотя сейчас носители региональных языков Испании имеют право получать университетское образование на родном языке, преподаватели часто не владеют этими языками в достаточной степени. d) После смерти Франко сторонники националистических идей начали отстаивать равноправие своих языков. Самые радикально настроенные из них делают вид, что не понимают испанского языка, и подвергают резкой критике сограждан с более умеренными взглядами, е) Стремление правительства любой ценой избежать конфликтов и соблюсти политическую корректность порой вызывает смех, f) Часто в затруднении оказываются дикторы радио и телевидения, которые не знают, как следует произнестиg) Все двуязычные территории Испании являются зонами возможных столкновений, поэтому избежать конфликтов полностью едва ли возможно, h) Исконные испаноговорящие жители двуязычных провинций, по разным причинам не владеющие местными языками, часто чувствуют себя презираемыми и отверженными, i) Однако для современной молодёжи вопрос выбора языка общения в каждой конкретной ситуации решается скорее исходя из соображений удобства и вежливости.
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